Nadie puede negar ya que la consolidación de Internet, la web 2.0, y la digitalización generalizada conforman una revolución comunicacional sin precedentes. A primera vista, puede parecer que este cambio afecta solamente a la forma en que se llevan a cabo las comunicaciones. Sin embargo, este cambio en la forma implica, inevitablemente, un cambio también en el fondo; es decir, en los propios mensajes y, de hecho, en todos los componentes de la comunicación, desde el emisor y el canal, hasta el propio receptor.
Una de las definiciones de ‘revolución’, según la Real Acadamia Española, es ‘un cambio rápido y profundo en cualquier cosa’. Aplicado a los cambios que ha provocado Internet y la digitalización, no cabe duda de que ha sido uno de los procesos más significativos y rápidos de los últimos tiempos. Sin embargo, pocos se dan cuenta, tanto por el poco tiempo (15 años no son muchos) como por el hecho de que la ‘revolución’ aún no ha finalizado, de la profundidad con la que ha afectado este nuevo medio a las comunicaciones en general, ya sean entre particulares o entre empresas.
Es el momento ahora de empezar a analizar estos cambios y cómo afectan y alteran a los conceptos clásicos de la comunicación. Por ejemplo, es inevitable hacer una comparación con el desarrollo de la actividad periodística a lo largo de la historia. En este sentido, debemos detenernos y reflexionar acerca del significado, la función y la evolución de dos conceptos clave del periodismo y de la comunicación en la Modernidad: la opinión pública y los líderes de opinión.
La evolución de la opinión pública
Una de las características principales que definen el periodismo como lo entendemos en la actualidad es, precisamente, el de la opinión pública. Aunque esta idea surge en distintos momentos según el país que analicemos, en general podemos afirmar que se consolida entre mediados del siglo XVII y el XVIII. En España, por ejemplo, se considera el punto de inflexión a este respecto la Guerra de Independencia contra Francia.
Según la RAE, la opinión pública es ‘el sentir o estimación en que coincide la generalidad de las personas acerca de asuntos determinados’. A partir de este concepto, surge otro igual de relevante: el líder de opinión, el cual es capaz de influir, a través de sus opiniones y comunicaciones públicas, en las ideas de la opinión pública.
No son conceptos menores en las sociedades modernas, y casi se podría afirmar que toda la actividad política y social que se ha llevado a cabo en estos dos siglos se ha hecho en base a estos dos conceptos, la opinión pública y los líderes de opinión.
El verdadero significado de la revolución que supone Internet no se encuentra en la facilidad y la rapidez con la que los usuarios reciben los mensajes. La importancia de este cambio radica en la interactividad que permite este nuevo medio: los conceptos de emisor y receptor, separados siempre por el canal y sujetos a una direccionalidad inalterable, se difuminan en Internet, fundiéndose hasta crear un nuevo protagonista de la comunicación: el emisor-receptor.
Los líderes de opinión: emisores con influencia
La posición de líder de opinión ha sido comúnmente ocupada por una persona con un gran conocimiento cultural, implicado y por lo tanto expuesto a la actualidad informativa, pero, sobre todo, con una posición consolidada y de prestigio en un medio de comunicación. Sin el medio o canal adecuado no existe comunicación, mucho menos un líder de opinión.
Es decir, la figura del líder de opinión descansaba en una persona que, con criterios y argumentos, era capaz de influir en la opinión pública. De hecho, esta masa acudía al líder de opinión (o con el que más estuviera de acuerdo) para establecer sus propias opiniones. Por lo tanto, había un líder de opinión, o unos pocos, y una gran masa ansiosa por que éstos les explicasen los eventos y su importancia, sus causas y consecuencias, y establecer así una opinión al respecto.
Internet y la opinión pública: los nuevos líderes de opinión
Internet ha cambiado todo este proceso y estos conceptos. Donde antes había uno o unos pocos líderes de opinión, hoy cada uno de los miembros de la opinión pública, la masa de usuarios, son potenciales líderes de opinión, capaces de influir en toda la masa de receptores con sólo transmitir, compartir o recomendar un mensaje.
Gracias a estos cambios se han desarrollado conceptos como el Marketing Viral o las Audiencias Verticales. Ya no es necesario que un emisor transmita el mismo mensaje a toda la población de receptores para difundir su idea. Con sólo transmitirlo a un grupo de usuarios, éstos pasarán a transmitir la información a otros grupos cada vez mayores, ramificándose el mensaje a través de la Red gracias a estos esporádicos y alternantes líderes de opinión.
La importancia y efectividad de estos cambios fundamentales en los conceptos clásicos de la comunicación puede vislumbrarse claramente en las Redes Sociales, como Facebook o Twitter. De hecho, ya no se puede concebir la transmisión de un mensaje sin que pase por estos canales y aplicando los conceptos de emisor-receptor, opinión pública, líderes de opinión e interactividad absoluta que incorpora la revolución comunicacional de Internet.







